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The Old and The Brand New

Hacer el viaje para despedirme de ti y recordar todo aquello que nadie más que tú podía compartir conmigo, no fue nada fácil. Quizás está de más decirlo, pero creo que ya a todo mundo he tenido que aclararle que viajé por deber, no por placer. Era un deber para conmigo mismo más que para contigo, eso sí.

No puedo decir que ya te dejé atrás al deshacerme de tus restos, eso nunca sucederá. Simplemente fue lo que necesitaba hacer para tener mi consciencia tranquila respecto a tus restos físicos, y fue para corroborar con mis propios ojos nuevamente que esa vida de hace tantos años sí existió. Además, sirvió el tener a Monserrat de mi compañera y testigo, para tratar de poner orden a todos esos recuerdos y así poder mostrar a alguien más los lugares donde sucedieron.

Y es gracias a ella también que no todo fue un viaje por el baúl de los recuerdos. Se trató de hacer nuevos recuerdos, visitar lugares inexplorados y viajar a los ya conocidos de manera diferente…

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A pesar de ser la primera vez que cualquiera de nosotros viajaba a 10,000 millas de altura, y de que lo disfrutamos enormemente, puedo decir que no volveré a viajar en avión a San Luis Potosí. Su aeropuerto me recordó desde el primer momento, algunas de las razones por las que salí huyendo de ahí.

Pero ya sabes que yo soy bueno para criticar, y si sigo con eso, aquí nos amanecemos. Mejor me concentro en lo positivo del viaje, que afortunadamente fue mucho. En gran parte, gracias a Monse, todo fue más llevadero y placentero. Un tormenta se convertía en una aventura, y cada obstáculo que tuvimos que sortear fue menos difícil por tenerla a mi lado. Y en ese sentido, hay otra canción de Steven Wilson que quiero que escuches, “Hand Cannot Erase”:

Y vas a decir que soy un melcochoso, pero la letra en verdad me suena mucho a mi relación con Monse…

Together we have this love
Even so it’s not enough
Bruised and burned
We won’t lose heart
Just because
Life gets hard…

Y a pesar de ser una de las canciones más “poperas” que Wilson ha hecho recientemente, a mi me gustó mucho por razones un tanto cuanto imparciales. Es una canción llena de esperanza, que define mi situación actual con Monse, y que me recordó mucho la sensación de volver a San Luis después de tantos años.

Es muy curioso, ya que incluso parte de la melodía es un similar a otra canción popera de principios de los dosmiles, que prácticamente sirvió de himno para mi papá y para mí cuando acabábamos de experimentar circunstancias similares: él, viajando para encontrarse conmigo después de muchos años, con la esperanza de encontrar en mi un amigo con quien compartir su visión y explorar un mundo nuevo y desconocido. Sobre eso ya he escrito un poco aquí.

Y también es curioso, porque es justo mi papá quien inspiró el ritual de las fotografías comparativas de nuestro viaje, con el de aquel viaje de 1999. Pero de eso ya te hablaré más en el siguiente post.

Por ahora, debo confesar que 15 años después, yo también viajé para buscar a Pablo. Al Pablo que se quedó en San Luis y que ahora sólo atesoro en mis recuerdos, porque ya no queda nadie más que lo comparta conmigo. Fue grato reconocerlo y darle un abrazo después de tantos años, para aceptar su existencia y para recordar que el camino que hoy recorro es muy diferente.