Saved Data

Sobre blogs y otras ficciones

Me invade un gran entusiasmo mezclado con cierta dosis de melancolía al encontrarme escribiendo nuevamente en un espacio como éste. El coctel de emociones se lo debo a la invitación de Naop y hago público mi agradecimiento hacia él por brindarme un lugar dentro de “Hello!! Save Data”.

Ofreciendo contexto diré que hace algunos ayeres busqué dar sentido (a través de un blog personal) a los acontecimientos con que la vida me golpeó de manera dolorosa y repentina; sin embargo, más allá de abandonarme al sufrimiento, pretendía fortalecerme con cada experiencia a partir de su transmutación en relatos.

A partir de los 12 años me inicié en un hábito que no he podido dejar de lado: la creación de historias. Si bien durante mi adolescencia todos esos disparates tomaron la forma de palabras plasmadas en chats primitivos y más adelante en hojas y hojas de cuadernos; para los años de universidad mi escritura osciló únicamente entre lo académico y el acto catártico.

Sin embargo, en mi mente aún dedicaba incontables horas de trayectos en el transporte público a construir ficciones que me ofrecían la posibilidad de explorar diferentes universos; de esta manera creció dentro de mi una suerte de afecto a ciertos personajes que me han ayudado a comprender aspectos de mí y del mundo; la profundidad y credibilidad de sus rostros está ligada inevitablemente a qué tanto me adentre en las profundidades de mi propio ser.

¿A dónde voy con todo este parloteo? Mi deseo para esta primera entrada en el blog es la de presentarme a través de mi pasión por las historias, por esas historias cuya raíz se encuentra en las entrañas de los autores, de sus inquietudes, de sus convicciones, de los símbolos que los han marcado; y cuya narrativa meticulosamente estructurada ofrece una experiencia profunda y estimulante.

Contrario a lo que tradicionalmente puede considerarse, la cultura popular ha dado lugar a obras (llámese animación, manga o cómic) con propuestas tan trascendentes como las de los medios más clásicos; es por ello que me permitiré hablar, así como Naop, de una variedad de temas.

No puedo dejar de dar crédito a la manera en que, desde la infancia, Japón marcó mi manera de percibir al mundo; mi sensibilidad se nutrió gracias a su riqueza cultural, lingüística, filosófica, a sus costumbres y a sus diferentes expresiones artísticas.

El anime y el manga fueron sólo la puerta de entrada a un mundo del que difícilmente lograría apartarme: su estética minimalista, la manera en que se concede una especial atención a detalles aparentemente intrascendentes, el constante protagonismo de elementos naturales en su representación de la belleza, el énfasis en la búsqueda de fortalecimiento no sólo físico sino también interior a través de entrenamientos severos o de pruebas que deben ser superadas y que han de llevar a su límite al espíritu humano, demostrando su enorme potencial.

Dicho todo lo anterior reitero mi entusiasmo y mi sorpresa al estar nuevamente escribiendo un montón de cosas que a nadie le interesan; sin embargo, -y esto me hará sonar realmente anticuada- me enorgullece estar aportando algo a la inmensidad de contenido que circula por internet en estos tiempos donde la información chatarra es el pan de cada día.

Me despido por ahora valiente lector, citando la micro-ficción de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” para deformarla a mi conveniencia: “Cuando despertó, el blog todavía estaba allí”.


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