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Compendio de sueños: Sueño 1

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

-Augusto Monterroso en Movimiento Perpetuo-

Me pregunto qué tan confuso resulta el mundo para mis creaciones. Decenas de rostros, símbolos, escenarios y situaciones que en cierta manera existen y a la vez no. Jamás han visto la luz, no han sido representados aún con seriedad en las palabras precisas, ni en los trazos correctos.

Este ejercicio es un primer paso. Sin embargo, no comenzaré con una idea concebida en mis 5 sentidos, sino con una que se ha generado en ese limbo de la consciencia donde no se está del todo aquí.

Traer un recuerdo del terreno onírico es complicado porque éste nos traiciona, cuando se intenta atrapar el mundo que ha generado un sueño, parece escaparse entre los dedos como si tercamente pretendiéramos agarrar líquido.

Por ello tomé la fotografía que encabeza esta entrada en el blog, a manera de un instrumento que fija mi consciencia en aquel lugar. Tan sencillo y a la vez tan complejo, este cotidiano elemento dotó de una tremenda cantidad de realidad a ese sueño. Nunca pensé tenerlo tan presente en mi memoria, y justamente esto es lo que me enredó en una espiral de cuestionamientos sobre la consistencia de nuestra realidad.

El acontecer de los hechos fue de lo más terrorífico e hilarante a la vez. No hace falta dar otros detalles (que claramente no tengo) pero basta con decir que el asunto involucraba una araña-alacrán gigante y la manera más ridícula de hacerse cargo de ella.

Sin embargo, en mi memoria quedó grabada la insistente impresión de que aquello no había sido un sueño… a partir de allí, han habido momentos recurrentes en los que al estar despierta, me inunda la sensación de que tal vez sigo soñando.

Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

-Dice Ana María Shua en Sueño #69-


Apuntes Fotográficos

La fotografía es un medio que permite expresarse de una manera muy interesante. Los fragmentos de la realidad a los que voluntariamente decidimos prestar atención varían de persona a persona.

En algunos casos puede ser algo tan abstracto como una textura provocada por algún efecto de la luz sobre determinadas superficies, espacios que captados desde ciertos ángulos producen impresiones muy particulares, hasta retratos que proyectan las emociones de quien los protagoniza o escenas que podrían iniciar un intenso debate social.

Creo que llevo muchos años siendo aficionada a la fotografía, aunque realmente me di cuenta de lo mucho que me gusta hace poco tiempo. Con la llegada de los celulares, se volvió más accesible y común despertar a nuestro fotógrafo interior.

Si bien he publicado ciertas fotografías en mi cuenta de Instagram, considero que algunas de ellas merecen compartirse aquí, con el afán de asignarles unas cuantas palabras complementarias a su significado, ya sea en forma de micro relato, anécdota o reflexión.

Desde la adquisición de mi primera y modesta cámara digital, (hace unos 10 años) consideré que mi inquietud fotográfica permanecía como algo más bien normal, después de todo ¿quién no quiere poder atrapar sus memorias?

Sin embargo, en algún punto yo ya disparaba a ciertos objetos o lugares que no eran la típica fotografía con la que presumes tus vacaciones; comenzaba a sentirse cierta intención simbólica y contemplativa en mis imágenes.

Mi aproximación hasta hace poco, había sido completamente intuitiva, tomando fotos con mi celular, y compensando sus limitaciones con la edición digital.

Incursioné un poco en la fotografía a blanco y negro como una manera de controlar mejor aspectos relativos al manejo de la luz sin que me distrajera la fidelidad del color que quería lograr. Además, tengo una verdadera fascinación por los tonos grises y los contrastes entre blancos y negros.

Gracias a un golpe de suerte, recién tengo en mis manos una cámara reflex digital, sí, de esas que dejan en mayor evidencia tu mucha o poca habilidad para la fotografía. Poco a poco estoy domando a la fiera en su modo manual, apenas comencé el aprendizaje de aspectos técnicos que me permitirán explorar nuevos alcances.

¿Y para qué es todo este parloteo? Para inaugurar la sección no friki de fotografía en este Blog. Recién tomé una foto con la explícita intención de ilustrar una anécdota sobre cierto sueño que tuve y del que te hablaré más adelante.

Recomiendo ampliamente el sitio Unsplash, tiene una enorme colección de fotografías de uso libre que han aportado talentosos profesionales. Las puedes usar para tu proyecto o simplemente para deleitarte la pupila, siempre y cuando les des su debido crédito.


Los mejores cumpleaños son los de Makoto, llenos de música de shamisen, buena comida y pelis de yakuzas.

Mi historia con Digimon

Mi historia con Digimon es complicada, y no logro recordar si alcancé a explicártela alguna vez. Comenzó en la secundaria, allá por el año de 1999: un compañero me había platicado de una caricatura que vio en un viaje que hizo a Estados Unidos, que aparentemente copiaba en muchos aspectos a Pokémon. Y es que siendo un gamer empedernido, Pokémon se había ganado un lugar entre mis juegos favoritos con sus intrincadas mecánicas de gameplay que en aquella época no eran tan comunes en nuestro lado del charco. Y aunque ya en ese momento su adaptación al anime comenzaba a provocarme más pena ajena que diversión, me resultó indignante que los gringos quisieran colgarse del éxito de la franquicia con su copia pirata.

Obviamente, mi primer error fue pensar que Digimon se trataba de una producción occidental, y el ver los promocionales de su estreno en la ahora desaparecida cadena de Fox Kids no logró demostrarme lo contrario. A los 13 años aún no tenía el ojo suficientemente entrenado en el arte de los monos chinos para saber reconocer la diferencia entre la animación japonesa y la occidental.

Y así pasé los años, sin siquiera conceder el beneficio de la duda a Digimon. A pesar de que en algún momento llegué a enterarme de su origen nipon, las similitudes con la franquicia que había representado tal furor en mi infancia me impedían aproximarme con objetividad.

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“Waiting… to be born again.”

Sobre blogs y otras ficciones

Me invade un gran entusiasmo mezclado con cierta dosis de melancolía al encontrarme escribiendo nuevamente en un espacio como éste. El coctel de emociones se lo debo a la invitación de Naop y hago público mi agradecimiento hacia él por brindarme un lugar dentro de “Hello!! Save Data”.

Ofreciendo contexto diré que hace algunos ayeres busqué dar sentido (a través de un blog personal) a los acontecimientos con que la vida me golpeó de manera dolorosa y repentina; sin embargo, más allá de abandonarme al sufrimiento, pretendía fortalecerme con cada experiencia a partir de su transmutación en relatos.

A partir de los 12 años me inicié en un hábito que no he podido dejar de lado: la creación de historias. Si bien durante mi adolescencia todos esos disparates tomaron la forma de palabras plasmadas en chats primitivos y más adelante en hojas y hojas de cuadernos; para los años de universidad mi escritura osciló únicamente entre lo académico y el acto catártico.

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Cuando despertó, el blog todavía estaba allí.